MICROMACHISMOS DE CRISIS
Se utilizan en momentos de desequilibrio o disfunción
de la pareja, como el aumento de poder personal de la mujer por cambios en su
vida, o pérdida de poder del varón por desempleo o limitación física. Estos
cambios se producen cuando la mujer reclama mayor igualdad en la relación, algo
que obligará al varón a modificar sus hábitos de superioridad. Para
recuperar su satatus quo, utilizará maniobras como estas:

Seudoapoyos que
se anuncian sin llevarse a cabo y no se ayuda a la mujer a repartir la carga
doméstica y tener más tiempo.





EFECTOS DE LOS MICROMACHISMOS
-En las mujeres:
Agotamiento de las reservas emocionales generando una actitud defensiva o de queja ineficaz por el sentimiento de derrota que producen.
· Deterioro
de su autoestima, desmoralización, inseguridad, y disminución de la capacidad
de pensar.
· Disminución
de su poder personal y parálisis de su desarrollo personal.
· Malestar
difuso, irritabilidad crónica y hartazgo de la relación de lo cual se
autoinculpa al no percibir que son producidos por presión externa y que son
motivos de consulta en Centros de Salud. Dicho malestar suele atribuirse a
exageración de “ciertas características femeninas”.
-En los
varones:
Conservación y aumento de su posición de poder y un desinterés por las necesidades y derechos de la mujer.
Conservación y aumento de su posición de poder y un desinterés por las necesidades y derechos de la mujer.
· Afirmación
de su identidad masculina basada en la creencia de su superioridad sobre la
mujer.
· Aislamiento
receloso creciente, ya que el dominio no asegura el afecto, solo genera aumento
de desconfianza hacia la mujer, a la que no puede controlar totalmente.
-En el vínculo
producen:
· Encarrilamiento
de la relación hacia los intereses del varón, favorecidos por la cultura
patriarcal de aceptarlo tal y como es, y que a lo sumo lo traten con sus “armas
ocultas”. Así se van creando condiciones para la disponibilidad de la mujer
hacia el hombre, no al contrario. Esto permite que predominen las situaciones
que el varón desea y la perpetuación del desequilibrio de poder y disfunciones
en la relación. Muchas mujeres suelen decir: ¡Cómo no voy a ceder, no voy a
estar peleando siempre!
· Etiquetar
a la mujer como culpable del deterioro del vínculo cuando ella desea igualdad y
él se la niega. A veces la mujer percibe que “algo anda mal” pero el varón lo
niega. Al no aclarar las causas, ella por mandato de género tiende a
autoinculparse y él que no se reconoce como dominante, parece inocente.
Guerra
fría con la transformación de la pareja en adversarios convivientes y
empobrecimiento de la relación, creando situación propicia para otros abusos y
violencias.
CONSIDERACIONES FINALES
Las mujeres se alegrarán de entender mejor las
maniobras en las que se ven involucradas, pero soportarán menos reconocer su
propia subordinación, por lo que muchas veces, tenderán a seguir
resposabilizándose de lo que es solo responsabilidad masculina, ya que al menos
eso mantiene la creencia de tener algún poder sobre la relación.
Los varones no aceptarán de buen grado lo que en ellos
permanece de la atávica dominancia masculina. La transformación se basa en
reconocer y aceptar estos hechos. Por eso, nombrar es uno de los modos de hacer "visible
lo imperceptible".Describir y clasificar los micromachismos nos lleva a que
puedan ser transformados y anormalizados, esto es, considerar que sus efectos no
son triviales y que deben ser incluidos en prácticas de violencia de género para tratar de erradicarlos. Anormalizarlos también porque “…si se perciben aisladamente se juzgan como intranscendentes sin
evaluar el daño que producen por reiteración y su capacidad de ser caldos de
cultivo para otras violencias.” Nombrarlos supone un análisis crítico de lo cotidiano
y de los comportamientos de seudoigual que circulan en nuestra sociedad.
En conveniente detectar sus efectos ya que
disfunciones emocionales e inseguridades están provocadas por los
micromachismos, y hace que los profesionales en salud los achaquen a problemas
personales o "exageraciones" femeninas.
Aunque las consideraciones finales son más extensas,
he decidido terminar con estas palabras textuales del autor, y por supuesto, recomiendo
leer el original.
“Alertar sobre su
existencia y frecuencia supone también criticar las creencias que las
violencias de género son solamente sus formas más dramáticas y que sólo la
ejercen algunos varones. Como hemos visto, los micromachismos también son
violencia de género y son comportamientos habituales en todos los varones: la
violencia no es sólo cosa de otros, sino también de nosotros (varones).
Reconocer esto supone que los varones que creemos en la igualdad, debemos hacer
algo más que acompañar a las mujeres en sus reclamos y adaptarnos con esfuerzo a
los cambios femeninos: debemos cambiar también nosotros. Por esto último,
nombrar los micromachismos debería servir para contribuir a que los varones que
no se reconocen en el ejercicio de la violencia mayor, que tienen una ética de
justicia y respeto, no ignoren las propias maniobras de dominio y dominación
cotidianas.